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11 Diciembre


En la edición de 1930 del Olympia Motor Show de Londres se presentó una pieza muy especial: hablamos del Bendey 8 litros, todo un coloso sobre ruedas. Cada uno de sus seis cilindros desplazaba una capacidad de 1.331 cc y, a pesar de su carrocería de siete plazas, era capaz de superar los 160 km/h en una época en la que la velocidad normal de un sedán de sus características se reducía a unos 88 km/h. Por supuesto, el precio iba en consonancia con sus grandes dimensiones: bentley-8-litrosel chasis costaba 1.850 libras, a lo que había que agregar entre 2.300 y 3.000 libras más en concepto de carrocería, fabricada a medida por prestigiosos carroceros, ya bien asentados en el mercado, como H. J. Mulliner, Thrupp & Maberly, Vanden Plas, Park Ward, Freestone & Webb u otros como Gurney Nutting, de futuro prometedor.

Todo esto resulta chocante en un momento en que el salario de un trabajador medio no superaba las 200 libras anuales. La exposición reunía seis ejemplares de 8 litros, uno de ellos en el expositor de Bentley. Las otras cinco unidades habían sido cedidas a las más famosas casas carroceras para que luciesen sus haceciones. El 8 litros presentaba un diseño muy convencional para la época.

El enorme chasis de estructura de escalera estaba dotado con ejes rígidos delanteros y traseros, y un sistema de suspensión a base de ballestas, amortiguadores de fricción e hidráulicos. El motor era una de sus características más sobresalientes. Albergaba seis cilindros con árbol de levas en cabeza movido por un balancín de triple apoyo. Cada cilindro contaba con cuatro válvulas y dos bujías, de igniciónbentley-8-litros-1931 mediante una bobina y una magneto; las soldaduras principales se realizaban a base de aleaciones de magnesio. Todos estos componentes le aprobaban desarrollar una potencia de 220 CV a 3.500 rpm, con un mínimo nivel de ruido y un alto grado de seguridad.

El automóvil era capaz de alcanzar sin conflicto los 224 km/h. En 1938 la revista especializada The Autocar, lo definía como “posiblemente el coche más rápido del mundo”. Al igual que los Bentley de época, el 8 L conservaba ese carácter ambivalente de la marca: según el ánimo del conductor, era capaz de rodar pausadamente a una velocidad de 32 km/h y además alcanzar velocidades de vértigo, más apropiadas de un bólido deportivo. Era en definitiva todo un “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, apodo que allá por 1921 un periodista había aplicado al innovador 3 litros de así pues. SEGUIR LEYENDO ….




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AUTOR: Cristhian
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